El sabor de Saigón

Helado tipo barquillo blando relleno de helado de vainilla y puré de poroto rojo.

Voy en un tren camino a Hoi An desde Ho Chi Minh. El viaje es largo, 18 horas, y gracias a Dios voy en clase cama, dura, pero cama al fin y al cabo. Hay otras clases con asientos duros como los de un parque, asiento blando como un bus y otra con cama blanda, de estos nunca hay disponibles porque las agencias de viajes los compran todos para luego revenderlos a los turistas a un precio mayor. Nosotros fuimos directamente a la estación de trenes así que pagamos lo justo, no es difícil el trámite si se lleva escrito en vietnamita lo que uno quiere (nunca se sabe si quien atiende habla inglés y menos si será amable), para eso cualquier traductor de internet servirá de apoyo.

Dejamos atrás una ciudad, a mi juicio algo gris. De todas las ciudades que estado nunca antes sentí tanta indiferencia, yo sonreía por las calles y nadie sonreía de vuelta. Me pareció una ciudad sin alegría. Bueno al menos lo que yo vi.
El zoológico me dio más pena que cualquier otro que haya estado, los animales parecían deprimidos, algunos casi sin vida. No es un lugar que recomendaría visitar. Por el contrario la arquitectura francesa del correo, la ópera y la catedral de notre dam, es muy bonita y bien cuidada.

El museo de guerra es un lamentable registro de todas las atrocidades que sucedieron en la guerra de Vietnam, que durante 17 años hizo trizas a toda una nación, familias, animales, bosques... y ni hablar del agente naranja que sigue manifestando el mal absoluto que producen las guerras. Es escalofriante por decirlo menos, pero hay que ir. Es historia y una que no se puede volver a repetir.

A pesar de que el color es escaso, el sabor en esta ciudad abunda. Y es maravilloso.
Aquí se come rico y a excelentes precios, en la calle o en un restaurante. Me parece que ha sido una manera de mantener sus origines y cultura, creo que la cocina vietnamita es más pura que otras del Sudeste asiático donde platos se mezclan y repiten unos con otros.

El Pho, sopa con noodles de arroz y carne de vacuno al que le puedes agregar hierbas frescas, verduras y brotes es perfecto para un día de lluvia, y es muy consumido al desayuno. Los jugos de frutas naturales al paso, donde delante de tus ojos exprimen lo escogido sin ser egoístas en la porción, son muy refrescantes para pasar el calor.

Los rollitos vietnamita donde un papel de arroz hidratado en agua hirviendo envuelve camarones o cerdo, con verduras y hierbas otra vez, son un imperdible y uno de mis favoritos del mundo.
Las baguetes (y toda su panadería / pastelería) de herencia francesa, son una delicia, crujientes por fuera y esponjosas por dentro, las que rellenan con una variedad de ingredientes como chanchito a la parrilla, queso crema, menta, huevo, pepino, zanahoria etc. Una mezcla exquisita entre Oriente y Occidente.

Los Bo Bia Gnot la versión dulce de sus rollitos, un panqueque relleno con coco fresco, una barrita de azúcar con miel y sésamo negro, son un hit! Adorados por niños y adultos.
Y sus frutas exóticas... Así podría seguir eternamente.

Vamos llegando a Da nang, ciudad donde tenemos que bajarnos y subirnos a un taxi por media hora más hasta llegar a nuestro destino final. El paisaje es muy verde por las plantaciones de arroz y lleno de palmeras. Precioso, ahora me está gustando más este país.

Instañam