La Signoria, siempre.

No es un lugar nuevo, es un lugar común. De esos que vuelves de vez en cuando y sabes que será perfecto. No es un lugar de mantel largo ni pretencioso, es un lugar relajado donde abunda el blanco.

La carta es un cuaderno escrito a mano, que va cambiando de tanto en tanto según los productos de la estación o de la inspiración del chef. Es acotada pero precisa, siempre unas 5 pastas y cada una con 3 o 4 opciones de salsas para elegir. Siempre enfocada en pastas artesanales, elaboradas ahí mismo. Y aunque los precios han ido subiendo al pasar de los años la calidad es la misma, incluso mejor, y aún siguen sorprendiéndome con la entrada de regalo.

Volví el sábado pasado con Javier, y otra vez fui feliz. Desde que leí en la pizarra que da a la calle que había sorrentinos rellenos de betarraga sabía que esa sería mi elección y no me equivoque.

Fetuccinis con erizos de mar (les comenté que están en veda), lasaña boloñesa, gnocchi, ensalada con atún sellado a la inglesa, entre algunos platos más conformaban la oferta del día. Y antes para empezar, una deliciosa sopa de Brócoli con hierbas, entre ellas romero, era la cortesía para abrir (aún más) el apetito.

Mis sorrentinos estaban exquisitos. Muy frescos, la masa del grosor perfecto y al dente, con un relleno maravilloso de betarragas, ricotta y jengibre, de esos que de mirarlo sabes que es casero y no de esos pastosos comprados por kilo. Los que acompañé de una salsa de mantequilla y salvia para no perder su sabor esencial, sutilmente dulces y con el toque picante del jengibre.

Javier por su parte se inclinó por unos ravioles de espinaca con salsa casera de pomodoro, que estaban maravillosos y contundentes. Una opción más clásica, que nunca falla.

Mientras comíamos no pude dejar de mirar los postres que desde su vitrina a la vista del salón, tientan a cualquiera. Me atrevería a decir que ya he probado casi todos, el de dos chocolates, el con almendras, el cheese cake de frambuesa que es a base de queso mascarpone!... y esta vez elegí uno que me faltaba, un mousse de mango y maracuyá, de textura aireada y de equilibrio ácidulce perfecto.

Su maravillosa pastelería, al igual que las pastas, es hecha en el lugar. Creo que aquí están los mejores merengones que se encuentran en la capital (por lejos), gigantes, crujientes por fuera y densos por dentro, los que por si fuera poco, se pueden rellenar de chocolate, manjar o crema pastelera.
Los sfoglies, pastelillos de masa parecida a la de las palmeras rellenos con las mismas opciones de los merengones son una mascada al cielo, crocantes y suaves a la vez. Ambos altamente recomendados y adictivos.

Para tomar los jugos naturales como el de frutilla limón y albahaca, el de naranja plátano o cualquiera de ellos también son un must del lugar, aunque en verdad todo.
Los platos en promedio cuestan $8.500 y todos incluyen entrada, los postres $2.000, los jugos me parece que también. La cuenta nos salió $27.000 aprox. Dos entradas (las de regalo), dos platos de pastas, un postre, dos jugos naturales y un café.

AH! Los días de semana hay menú de almuerzo!!!

Siendo muy feliz!

¿Dónde? Bellavista 211 esquina calle Loreto, Recoleta, Santiago. (ojo que la numeración confunde porque más arriba existe el 0211 pero no hay nada)

¿Cuándo? De martes a viernes de 11 a 19hrs. Sábado de 10 a 19hrs. Domingo de 10 a 16hrs.

¿Metro? La estación más cercana es Bellas Artes, desde ahí se camina hacia el museo, se cruza el río, y la calle que viene (una cuadra después) es Bellavista.

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