Foral Pop Up

En Santiago, pero con la sensación de que se está fuera de la ciudad, Foral Pop Up recibe a sus comensales en un lugar escondido e itinerante. Esta vez el jardín de una casa de la Comunidad Ecológica de Peñalolen de la cual me enamoré.

La buena energía se siente en el primer momento, desde la atención personalizada de las creadoras del proyecto, Carola, Constanza y Francisca, hasta la simpatía de los desconocidos nuevos amigos. Porque aquí la experiencia va mucho más allá de comer rico. Alimentar los ojos con la delicada decoración, nutrir el corazón con personas muy interesantes y deleitar los oídos con un pequeño e íntimo concierto, son ingredientes importantes de estas cenas clandestinas.

Entremedio de árboles decorados con lucecitas blancas y diferentes mesas, sillas y platos de colores, un mesón antiguo repleto de quesos de sabor intenso, como el de cabra y el Brie, un hummus de garbanzo y otro de betarraga que llamaba la atención por su fuerte color purpura, frutillas frescas, panes artesanales, una versión tropical de guacamole con mango y sin tomate que estaba exquisito, verduritas, té helado, sangría, cervezas, vino y algo más, daban una sabrosa, y preciosa, bienvenida.

Atraídos por tanta delicia, comiendo y tomando alrededor del mesón, empezamos a saludarnos y a conversar entre todos. Un simple; como te enteraste de Foral, bastaba para dar pie a largas conversación que seguirían en las mesa. El “rompe hielos” perfecto a mi parecer, ya que quizá si el aperitivo hubiera sido servido en bandejas, no nos hubiéramos animado a conocernos.

Al igual que el aperitivo la comida es autoservicio, con ayuda de las anfitrionas, y en sistema buffet.
El menú cambia en cada fecha y esta vez se centró en una variedad de ensaladas, muy acordes al estilo del evento e ideales para no quedar con el estómago pesado antes de ir a dormir.

Mis favoritas fueron la ensalada alemana de papitas nuevas, cocidas al dente, con eneldo fresco (me encanta), la de rúcula, con queso de cabra, almendras tostadas y duraznos grillados (un hit) y el tabbouleh de mijo acompañado de cebolla morada pickle. Todas estaban exquisitas, pero debo confesar que los aliños se ganaron mis aplausos. Diferentes y especiados, fueron un real aporte al sabor final del plato, como el de curry y pistachos, para unas betarragas con zanahorias, y el de Sumac, especia árabe de color rojo y sabor cítrico, que enchularon a la variedad de hojas verdes.

De postre y acompañado de las últimas copas de vino, un “acogedor” Crips tibio de arándanos, jengibre y avellanas, desapareció de mi plato, y el de todos, en pocos segundos. Dulce, ácido, picante y cálido, se unieron en esta maravilla, de manera equilibrada y perfecta. Nunca se me había ocurrido mezclar los arándanos con jengibre, y me gustó.

Con la guatita llena y el corazón contento nos llamaron al tercer tiempo: El concierto. Donde sentados alrededor de un fogón, Felipe Schuster, artista invitado, cantó unplugged para relajarnos, mientras esperábamos los marshmallows que calentamos al fuego para dar fin a una maravillosa noche.

EL aperitivo y la comida son muy contundentes, a pesar de que parezca ser liviano. El valor por persona es de $25.000 y se paga anticipado por transferencia electrónica, con una capacidad máxima de 30 invitados.

Para más información pueden escribir a foralpopup@gmail.com o visitar Foral.cl

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