Eat Vegan. Smith and Daughters.

Partamos con que no soy vegana, que mi experiencia con esta cocina es acotada y que a pesar de que respeto profundamente a quienes siguen este estilo de alimentación confieso que la encontraba media aburrida. Hasta que entré aquí. Digo entré y no comí, ya que con un pie dentro de este lugar todo fue increíble.

Si son de los que tienen en su cabeza la concepción de que los restaurantes veganos son pulcramente blancos con manteles de colores crudos y alguna que otra planta para estar en onda, o su decoración es media hippie, con personas atendiendo con dentales de estilo hogareño o …… olvídenlo. Resetéen su mente.

Ubicado en Fitzroy (Melbourne) uno de los 25 barrios más hípster del mundo, dígase cool por ser una incubadora de estilos, intercambio artístico cultural y libertad de expresión, se encuentra este, el restaurante vegano más taquilla que he conocido y por lejos uno de los lugares con más onda que he ido el último tiempo. Decorado con murallas llenas de cuadros con aires mexicanos y al centro una cruz invertida de color negro que con letras blancas dice “Eat Vegan” (come vegano), una mesa comunitaria en la mitad del salón rodeada de mesas con diversos comensales, una barra iluminada con estilosos barmans, garzones con pelos de colores, tatuajes o piercings que atienden con extremada buena onda y una cocina SORPRENDENTE, Smith and Daughters es único en su especie.

Su carta con gran influencia española esta temporada (la pasada fue mexicana) invita a descubrir sabores sorprendentes, que elevan la creatividad a su máxima expresión. ¿Gambas al ajillo? ¿Morcilla? Pero… ¿Eso no es carne?, pues aquí no, a pesar de que se vea igual, se sienta igual y tenga el mismo sabor, TODO es a base de plantas, vegetales, legumbres, granos y frutas. No hay huevos, no hay lácteos, no hay carne y nada pero nada se echa de menos.

Recomendados por Pranav y por la curiosidad, pedimos las gambas, la morcilla, patatas con romesco y el paté de champiñones trufado, además un estofado a base de garbanzos. Éramos cuatro, decidimos compartir y aunque creímos que podíamos quedar con hambre esto no fue así.

Las gambas, sabrosísimas. Eran copias exactas, en textura, sabor y aspecto a esas ricuras del mar, les juro aún no creo que hayan sido a base de una raíz.
La morcilla, esta vez con sangre de plantas y pequeñas lentejas según pude identificar, muy bien aliñada aunque algo picante y frita para mantener la forma, estaba impactante.

El paté, una delicia cremosa donde se equilibraban a la perfección el sabor suave de los champiñones con el imponente sabor de la trufa blanca.

Las patatas acompañadas de salsa romesco ahumada, con esa ¨crocancia¨ por fuera, ¨cremosidᨠpor dentro, que te hacen preguntarte cómo diantres lo logran, de porción muy generosa superaban a muchas de las que probé en España.

El guiso más típico pero aun así exquisito, contundente y especiado. La verdad, todo estaba muy muy pero muy bueno, sabroso, jugoso, bien cocinado y presentado.

Muy felices y emocionados, a pesar de que no nos pudimos terminar todos los platos no nos resistimos a pedir postre, y no solo unos sino tres.

Uno de chocolate azteca y dátiles, de sabor intenso con delicado helado de palta, unas doughnuts al estilo español rellenas con membrillo especiado, y un sangría crumble, original versión con peras pochadas en sangría y crema de azafrán, para mí, el hit del final.

Insisto, no soy vegana pero podría llegar a pensarlo si puedo comer todos los días en este lugar.

P.D:
* Los precios son bastante buenos si comparamos con los valores australianos, el más caro valía $19.00 aud aprox. ($10.000 clp), de buenas porciones e ingredientes frescos y de calidad. * Pranav es el community manager de Zomato Australia, la aplicación de búsqueda de restaurantes con quienes me reuní esa mañana y que me recomendó este lugar. * Más info Smith and Daughters

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